IMPORTANTE: LOS DIAS 11 Y 12 DE DICIEMBRE NO HAREMOS DESPACHOS, LOS DESPACHOS PENDIENTES SE HARÁN EL DÍA 13 DE DICIEMBRE

Nuestra colección "Fábulas" retoma las clásicas historias atribuídas a Esopo y posteriormente reescritas por Samaniego, Iriarte y Jean de la Fontaine. En esta pieza ilustramos la historia de "La liebre y la tortuga"  donde una liebre sintiéndose más que victoriosa al competir una carrera de velocidad con una tortuga, toma la pretenciosa decisión de darse una siesta mientras la tortuga gana victoriosa. Elaborado en Bronce fundido y pulido a mano, bañado en Oro y con un cristal verde esmeralda y una lágrima de cristal negro, Estos sofisticados aretes tienen un largo 5 cm y un ancho de 1.5. La foto es un montaje para hacer referencia a proporción y tamaño.
Aquí les dejamos la fábula de "La liebre y la tortuga"

No llega más pronto quien más corre: lo que importa es partir a buena hora. Ejemplo son de esta verdad la liebre y la tortuga. “Apostemos, dijo ésta, a que no llegarás tan pronto como yo a aquel mojón- ¿Qué no llegaré tan pronto como tú? ¿Estas loca?- Contestó la liebre .Tendrás que purgarte, antes de emprender la carrera.-Loca o no loca, mantengo la apuesta.” Apostaron, pues, y pusieron junto al mojón lo apostado; saber lo que era, no importa a nuestro caso, ni tampoco quién fue juez e la contienda.

Nuestra liebre no tenía que dar más que cuatro saltos; digo cuatro, refiriéndome a los saltos desesperados que da, cuando la siguen ya de cerca los perros, y ella los envía enhoramala y les hace devorar el yermo y la pradera. Teniendo, pues, tiempo de sobra para pacer, para dormir y para olfatear el viento, deja a la tortuga a paso de canónigo. Parte el pesado reptil, esfúerzase cuanto puede, se apresura lentamente; la liebre desdeña una fácil victoria, tiene en poco a su contrincante 

importa es partir a buena hora. Ejemplo son de esta verdad la liebre y la tortuga. “Apostemos, dijo ésta, a que no llegarás tan pronto como yo a aquel mojón- ¿Qué no llegaré tan pronto como tú? ¿Estas loca?- Contestó la liebre .Tendrás que purgarte, antes de emprender la carrera.-Loca o no loca, mantengo la apuesta.” Apostaron, pues, y pusieron junto al mojón lo apostado; saber lo que era, no importa a nuestro caso, ni tampoco quién fue juez e la contienda.

Nuestra liebre no tenía que dar más que cuatro saltos; digo cuatro, refiriéndome a los saltos desesperados que da, cuando la siguen ya de cerca los perros, y ella los envía enhoramala y les hace devorar el yermo y la pradera. Teniendo, pues, tiempo de sobra para pacer, para dormir y para olfatear el viento, deja a la tortuga a paso de canónigo. Parte el pesado reptil, esfúerzase cuanto puede, se apresura lentamente; la liebre desdeña una fácil victoria, tiene en poco a su contrincante y juzga que importa a su decoro, no emprender la carrera hasta la ultima hora . Regodéase paciendo la fresca hierba, y se entretiene atenta a cualquier cosa, menos la apuesta. Cuando ve que la tortuga llega, ya a la meta, parte como un rayo; pero sus bríos son ya inútiles: llega primero su rival. “¿Qué te parece? Dícele ésta: ¿Tenía o no tenía razón? ¿De que te sirve tu agilidad?” ¡Vencida por mí! ¿Qué te pasaría, si llevases, como yo, la casa a cuestas?

Aretes Victoria de la tortuga
$198.000 $128.700
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Nuestra colección "Fábulas" retoma las clásicas historias atribuídas a Esopo y posteriormente reescritas por Samaniego, Iriarte y Jean de la Fontaine. En esta pieza ilustramos la historia de "La liebre y la tortuga"  donde una liebre sintiéndose más que victoriosa al competir una carrera de velocidad con una tortuga, toma la pretenciosa decisión de darse una siesta mientras la tortuga gana victoriosa. Elaborado en Bronce fundido y pulido a mano, bañado en Oro y con un cristal verde esmeralda y una lágrima de cristal negro, Estos sofisticados aretes tienen un largo 5 cm y un ancho de 1.5. La foto es un montaje para hacer referencia a proporción y tamaño.
Aquí les dejamos la fábula de "La liebre y la tortuga"

No llega más pronto quien más corre: lo que importa es partir a buena hora. Ejemplo son de esta verdad la liebre y la tortuga. “Apostemos, dijo ésta, a que no llegarás tan pronto como yo a aquel mojón- ¿Qué no llegaré tan pronto como tú? ¿Estas loca?- Contestó la liebre .Tendrás que purgarte, antes de emprender la carrera.-Loca o no loca, mantengo la apuesta.” Apostaron, pues, y pusieron junto al mojón lo apostado; saber lo que era, no importa a nuestro caso, ni tampoco quién fue juez e la contienda.

Nuestra liebre no tenía que dar más que cuatro saltos; digo cuatro, refiriéndome a los saltos desesperados que da, cuando la siguen ya de cerca los perros, y ella los envía enhoramala y les hace devorar el yermo y la pradera. Teniendo, pues, tiempo de sobra para pacer, para dormir y para olfatear el viento, deja a la tortuga a paso de canónigo. Parte el pesado reptil, esfúerzase cuanto puede, se apresura lentamente; la liebre desdeña una fácil victoria, tiene en poco a su contrincante 

importa es partir a buena hora. Ejemplo son de esta verdad la liebre y la tortuga. “Apostemos, dijo ésta, a que no llegarás tan pronto como yo a aquel mojón- ¿Qué no llegaré tan pronto como tú? ¿Estas loca?- Contestó la liebre .Tendrás que purgarte, antes de emprender la carrera.-Loca o no loca, mantengo la apuesta.” Apostaron, pues, y pusieron junto al mojón lo apostado; saber lo que era, no importa a nuestro caso, ni tampoco quién fue juez e la contienda.

Nuestra liebre no tenía que dar más que cuatro saltos; digo cuatro, refiriéndome a los saltos desesperados que da, cuando la siguen ya de cerca los perros, y ella los envía enhoramala y les hace devorar el yermo y la pradera. Teniendo, pues, tiempo de sobra para pacer, para dormir y para olfatear el viento, deja a la tortuga a paso de canónigo. Parte el pesado reptil, esfúerzase cuanto puede, se apresura lentamente; la liebre desdeña una fácil victoria, tiene en poco a su contrincante y juzga que importa a su decoro, no emprender la carrera hasta la ultima hora . Regodéase paciendo la fresca hierba, y se entretiene atenta a cualquier cosa, menos la apuesta. Cuando ve que la tortuga llega, ya a la meta, parte como un rayo; pero sus bríos son ya inútiles: llega primero su rival. “¿Qué te parece? Dícele ésta: ¿Tenía o no tenía razón? ¿De que te sirve tu agilidad?” ¡Vencida por mí! ¿Qué te pasaría, si llevases, como yo, la casa a cuestas?